Compartir o competir
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Compartir supone partir de un grado
de autonomía previamente saber detectar necesidades y qué hacer para
solucionarlas.
Asimismo,
compartir significa trabajar en equipo, asumir la corresponsabilidad, la
responsabilidad compartida con otros. Aprender a compartir significa
saberse autónomo pero no independiente, sino interdependiente.
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Compartir, en cambio, también puede
tener una vertiente negativa.
Mantener
modelos basados en un esquema del compartir puede llegar a provocar
actitudes de dejarse llevar, de falta de iniciativa, de falta de actitud
creativa y, incluso, puede llevarnos a la pasividad, limitando el propio
crecimiento personal y, a veces, nos puede llevar a delegar la
responsabilidad personal en el grupo.
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¿Por qué el liderazgo
compartido?
Nadie es
suficientemente completo para dominar el entorno. Una persona tendrá una
visión más estratégica, otra unas capacidades más operacionales, y otra,
habilidades para desarrollar las competencias personales del equipo y
gestionar sus emociones. La suma de estas habilidades y capacidades que
están en diferentes personas, si las saben compartir, permiten desarrollar
un enfoque más adaptado al entorno y mejorar la capacidad de competir.
Si una organización
o institución quiere potenciar todo el talento de sus individuos y
desplegar ampliamente sus competencias, yo propongo un estilo de
liderazgo basado en la armonía, en contra de un estilo más implantado en nuestra
cultura que está basado en la uniformidad.
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