lunes, 11 de septiembre de 2017

competir y compartir




                                                       Mateo Vanegas Ospina 

Compartir o competir 




Compartir supone partir de un grado de autonomía previamente saber detectar necesidades y qué hacer para solucionarlas.
Asimismo, compartir significa trabajar en equipo, asumir la corresponsabilidad, la responsabilidad compartida con otros. Aprender a compartir significa saberse autónomo pero no independiente, sino interdependiente.





Compartir, en cambio, también puede tener una vertiente negativa.
Mantener modelos basados ​​en un esquema del compartir puede llegar a provocar actitudes de dejarse llevar, de falta de iniciativa, de falta de actitud creativa y, incluso, puede llevarnos a la pasividad, limitando el propio crecimiento personal y, a veces, nos puede llevar a delegar la responsabilidad personal en el grupo.



En el ámbito de las organizaciones, son frecuentes las negociaciones.
La máxima en la teoría de la negociación, según las principales escuelas de negocio, es que la opción; es mejor que la opción «gano sólo yo». Mientras que en el ámbito de la resolución de conflictos incluye la idea de «ceder-ceder», o «perder-perder» algo cada una de las partes. Quizás aquí encontramos un ansia de poder que es la que merma la capacidad de compartir.


Las dos características que definen nuestro entorno económico actual son la incertidumbre y la complejidad.
Son como dos virus que nos paralizan.
Para poder avanzar en este entorno debemos utilizar dos tipos de antivirus. Contra la incertidumbre hay que aplicar la capacidad de adaptación y, para poder afrontar la complejidad, es necesario aplicar una forma de trabajo más
inteligente, lo que llamo «smart working».
Para conseguir organizaciones más adaptables al entorno y más inteligentes, capaces de superar la incertidumbre y la complejidad, es necesario desarrollar organizaciones más creativas, que puedan desarrollar un pensamiento no convencional o lateral, con más capacidad de interesarse por que pasa a su alrededor y atentas a las nuevas tendencias. Organizaciones con capacidad de proyectar, de ver más allá del corto plazo, con visión estratégica. Y finalmente, con capacidad de “surfear” en medio de los cambios tecnológicos constantes y utilizarlos.


¿Por qué  el liderazgo compartido?
Nadie es suficientemente completo para dominar el entorno. Una persona tendrá una visión más estratégica, otra unas capacidades más operacionales, y otra, habilidades para desarrollar las competencias personales del equipo y gestionar sus emociones. La suma de estas habilidades y capacidades que están en diferentes personas, si las saben compartir, permiten desarrollar un enfoque más adaptado al entorno y mejorar la capacidad de competir.
Si una organización o institución quiere potenciar todo el talento de sus individuos y desplegar ampliamente sus competencias, yo propongo un estilo de liderazgo basado en la armonía, en contra de un estilo más implantado en nuestra cultura que está basado en la uniformidad.


Según mi experiencia, para lograr esta armonía en una organización, hay seis aspectos que hay que potenciar:

Aprender y enseñar a vivir la vida con energía y entusiasmo.
Potenciar un buen clima relacional.
Educar en la buena gestión del tiempo. Hay un tiempo para cada cosa: para el trabajo, para la broma, para la familia, para el ocio, etc.
Desarrollar la visión positiva y la resiliencia.
Propiciar el trabajo cooperativo e interdisciplinar.
Hacer que los individuos busquen tiempo para pensar.
Fomentar el sentido del humor.


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